jueves, 20 de marzo de 2014

MH370: Un vuelo, un misterio y mucha palabrería

El pasado 8 de marzo, el vuelo número 370 de Malaysian Airlines, que transportaba 227 pasajeros y contaba con 12 miembros en su tripulación, desapareció sin apenas dejar rastro. El suceso, sin precedentes en la historia moderna de la aviación, se ha convertido en un misterio para las autoridades que lo investigan, en una tragedia para las familias de las personas a bordo y en una mina de oro para los medios de comunicación.

Esto es lo que se sabe con certeza:

1: El avión se comunicó por última vez con los controladores aéreos a las 01:30, hora local, tras haber despegado del Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur a las 00:41. Portaba combustible suficiente para volar durante 7 horas y media y su última ubicación conocida fue la que aparece en este mapa:

Infografía tomada de BBC


2: El avión contaba con un sistema de satélite que le permitía transmitir información a la superficie durante el vuelo. Sin embargo, no se recogió señal alguna de los aparatos electrónicos del avión que supuestamente deberían emitir en caso de peligro o accidente, por lo que debieron ser desconectados premeditadamente o fallado de forma inexplicable.

Y eso es todo.

Todo lo que se escribe desde hace dos semanas en la prensa respecto a datos ajenos a lo ya comentado entra en el terreno de la pura especulación. Aunque casi toda la búsqueda se esté centrando en el Océano Índico, ni siquiera es posible confirmar que el vuelo MH370 realmente se dirigiera hacia ahí, todo se basa en una señal de radar captada por los militares.

Infografía tomada de El País


Esta carencia de pruebas reales está mostrando la peor cara de los medios, que día tras día publican constantemente nueva información sobre el tema, exista esta o no. Crear una noticia no es difícil cuando utilizas términos como “las pruebas apuntan a”, “los investigadores afirman que” o “las fuentes consultadas aseguraron que”. El tema interesa, eso es todo lo que importa. Si bien el amarillismo que caracterizó el inicio del siglo XX puede resumirse con la célebre frase de William Randolph Hearst, “Usted haga los dibujos, que yo pondré la guerra”, el del nuevo milenio necesita una nueva: “Ustedes díganme lo que quieren leer, que yo crearé la información”.

Sobre la tiranía de los datos frente a los hechos y el mal uso que los medios hacen de ellos escribió mucho mejor que yo Michael Wolff en The Guardian. Para aquellos que no dominen la lengua de Shakespeare, cito un brillante párrafo que resume su texto.

“Esta puede ser la primera vez que una historia es conducida enteramente por los datos. No existen hechos de primera mano, tan sólo implicaciones secundarias relacionadas con los datos. Y, hasta ahora, esto no ha logrado demostrar la fuerza de los datos –esa nueva religión–, sino su debilidad.”

¿Por qué este tema interesa tanto? ¿Será el misterio? ¿El drama? ¿La influencia de “Lost” en nuestro ideario común? Lo cierto es que este suceso ha demostrado un hecho considerado imposible para la sociedad moderna: que la tecnología puede fallar.

El misterio del vuelo MH370 no sólo pone en tela de juicio la capacidad la tecnología para dar una respuesta a todo, sino la creencia ciega en la inmediatez. Han pasado 12 días, y lo que realmente se sabe acerca de su paradero es poco más de lo que se supo en las 24 horas posteriores a la madrugada de ese 8 de marzo. El tema nos choca porque, en un mundo interconectado y con imágenes satelitales permanentes, todavía hay espacio para que un Boing 777 desaparezca.


Y sin embargo el avión sigue ahí, en alguna parte. No ha desaparecido. Simplemente, no logramos encontrarlo.

viernes, 14 de marzo de 2014

República Centroafricana: la nación olvidada. Parte dos.

Las cosas no mejoraron mucho para la nación corazón de África tras la caída del emperador de las apariencias. Para ahorrar complicaciones a los lectores: el gobierno posterior sufrió en 1981 otro golpe de Estado, liderado por André Kolingba, quien gobernó durante 11 años (con unas elecciones de por medio en las que solo se presentó él, un clásico de muchos países africanos). Más adelante, el bueno de Kolingba intentó anular unas elecciones en las que solo obtuvo el 10% de los votos, pero el Occidente triunfalista tras la caída del muro de Berlín metió presión, y en 1993 República Centroafricana contó por primera vez con un auténtico gobierno democrático, el de Angé-Felix Patasse.

El falso idilio (falso, porque el Índicide de Desarrollo Humano del país apenas varió durante el gobierno de Patasse y las tensiones entre el norte y el sur del país provocaron la intervención de Francia en 1996) terminó con, gran sorpresa, un golpe de estado. En 2003 François Bozizé tomó el control del país, se legitimó en 2005 con unas elecciones fraudulentas a todas luces y la vida para la población centroafricana, de nuevo, cambió más bien poco.



Y aquí llegamos al meollo de la cuestión: en marzo de 2013 un grupo conocido como Seleka (que significa “Alianza” en sango), liderado por Michel Djotodia tomó el gobierno según la ya larga tradición del país: por la fuerza.

¿Quiénes formaban esta alianza? Grupos muy homogéneos, pero podemos dividirlos en dos grandes sectores: islamistas nacionales y mercenarios extranjeros. La legitimidad del nuevo Gobierno era prácticamente nula en un país en el que tan sólo el 15% de sus habitantes practican el Islam, pero su brazo armado, reforzado por soldados a sueldo procedentes de Sudán y Chad, era demasiado poderoso para las reducidas y poco leales instituciones militares.

Así comenzó el año de la infamia para República Centroafricana, en el pisoteo constante de los derechos humanos se convirtió en el día a día. Hablamos de auténticas masacres, ejecuciones extrajudiciales, violaciones, torturas y saqueos, así como la paulatina destrucción de poblados cristianos. Según Amnistía Internacional, cuando Djotodia dejó el poder, 11 meses después 935.000 personas, un 20% de la población total del país, habían huido de sus hogares.

Durante este periodo, en la mente de la población centroafricana, pobre e iletrada, se estableció una terrible idea: que Seleka y musulmanes eran la misma cosa. La sensación de la mayoría cristiana era que el Islam trataba de conquistarlos, transformándose así un conflicto político (la mayoría de oficiales de Seleka se echarían a reír si les preguntaran cuando pisaron por última vez una mezquita) en uno de carácter religioso.

Surgieron así las denominadas como milicias anti-balaka (anti-machete), cuyos integrantes portan decenas de talismanes en torno al cuello, el pecho y los brazos, rifles Kalashnikov, armas caseras y por supuesto, irónicamente, machetes.

Equipamiento habitual de un anti-balaka. Todos los pequeños sacos son talismanes. Foto: Reuters.

Las milicias se organizaron inicialmente como una resistencia ante Seleka, pero tras la salida de los rebeldes del Gobierno, la violencia hacia la población musulmana no cesó, es más, se intensificó.

Y así estamos a día de hoy. La mayoría de la población cristiana de República Centroafricana considera que los musulmanes, con lo que convivieron durante décadas de forma pacífica, son el enemigo, y por lo tanto tienen que irse o ser aniquilados. La Unión Africana, la ONU y Francia tienen desplegados un total de 6.000 soldados pertenecientes a la fuerzas de pacificación en la zona, pero no les es fácil actuar.

En primer lugar, los musulmanes acusan a Francia de haber desarmado a Seleka al completo y, sin embargo, haber dejado intacto el arsenal de los anti-balaka, que no se ven sometidos a ningún control. Pancartas de “Hollande, genocida” pueden verse habitualmente en las barricadas musulmanas. Por otra parte, las tropas procedentes de Chad y Sudán, países islámicos en su mayoría, son vistas por los católicos como el enemigo, a pesar de que su labor en la zona sea pacífica. Unas de las pocas que se salvan son las fuerzas de Burundi, que son respetadas en ambos bandos. El lío está servido, y mientras tanto, las masacres diarias continúan.

Los números son devastadores: quedan en Bangui menos de un millar de musulmanes de los más de 100.000 que residían habitualmente. La gran mayoría de ellos ya ha abandonado el país; la gran mayoría de ellos nunca tuvo nada que ver con Seleka. Muchos vieron como los que desde siempre habían sido sus vecinos quemaban sus hogares.

Miles de musulmanes centroafricanos se hallan refugiados en el aeropuerto de la ciudad, esperando su desalojo. Foto: Al Jazeera.
Amnistía Internacional y Human Rights Watch denuncian, con razón, que la reacción internacional llegó tarde y fue insuficiente. La reacción desmedida contra la comunidad musulmana por los excesos y barbaries perpetrados por Seleka era más que previsible. Mucho podría haberse evitado desarmando a las milicias. Ahora, la idea de una República Centroafricana en la que cristianos y musulmanes convivan en paz parece casi imposible.

Y así prosigue, día tras día, la peor crisis de la que nunca has oído hablar.

jueves, 6 de marzo de 2014

República Centroafricana: la nación olvidada. Parte uno.

Vayan a Wikipedia (fuente inagotable e imperfecta de conocimiento). Tecleen República Centroafricana. Denle al icono de buscar. Lean la introducción al artículo. Quédense con su último párrafo:

A pesar de sus abundantes recursos minerales, tales como las reservas de uranio en Bakouma, petróleo en Vakaga, oro y diamantes, así como maderas, energía hidroeléctrica y tierras de cultivo, la República Centroafricana es uno de los países más pobres del mundo y se encuentras entre los diez países más pobres de África. El Índice de Desarrollo Humano del país es de 0,343, lo que lo coloca en el puesto 179 de los 187 países con datos.

Levanten la vista. Pregúntense por qué.



República Centroafricana se llama como tal desde 1958. Previamente había sido una colonia francesa, en aquellos tiempos donde Europa no tenía suficiente consigo misma y explotar territorios ajenos estaba de moda. Su capital es Bangui, que toma su nombre del mayor río del país: el Oubangui. El país tiene una extensión superior a la de España, y sin embargo posee menos de un 10% de su población: unos cuatro millones y medio de personas.

La nación vive desde hace más de un año una auténtica limpieza étnica entre cristianos y musulmanes que ha ido en ambas direcciones. Es un conflicto indescriptiblemente feo: niños soldados, machetes, fosas comunes, tropas de ayuda internacional que llegan tarde, Kalashnikovs compradas por quince dólares en Chad...

Hay quien cree en el falso mito periodístico de que las malas noticias son las que venden. Eso no es cierto. Lo que más vende es, o bien lo que es nuevo e impacta, o bien lo que ya interesaba a la audiencia antes. Los muertos diarios de un país que está tan al interior de África como puede estarse interesan lo justo. Algún episodio se cuela en ediciones digitales, cuando el número de víctimas es lo bastante alto.

Existen periodistas en la zona, pero generalmente están allí cuando no tienen nada mejor que cubrir, y tienden a abandonar la zona a la mínima que ocurre algo relevante en otro país del continente. Hay que ganarse el pan.


El horror toma su peor forma cuando se convierte en rutina.

Sólo una vez han enfocado las cámaras a República Centroafricana. Quienes tengan bastantes más canas que yo quizá recuerden de refilón haber escuchado ciertas noticias sobre el país allá por 1977 acerca de su excéntrico dirigente. Para recordarles un poco la memoria, aquí van algunas imágenes.





Jean-Bédel Bokassa, autodenominado como Bokassa I durante los tres años que duró el esperpento al que llamó Imperio Centroafricano, gastó en su ceremonia de coronación una cuarta parte de los ingresos anuales de su país. También tuvo 19 mujeres, 40 hijos y es conocido históricamente como “El emperador caníbal” por haber participado, supuestamente, en orgías en las que se consumía carne humana.

Este dirigente centroafricano, que parece sacado de un cómic, no logró todo esto solo. Un gobierno francés dirigido por Valéry Giscard d’ Estaing vio en Bokassa, inicialmente, una gran ventaja para sus intereses en la explotación de diamantes en el país. Es más, en 1979 se conoció públicamente, gracias a la revista satírica Le canard enchainé (nunca se debe subestimar a este tipo de publicaciones), que ambos dirigentes guardaban una magnífica relación de amistad, e incluso que el líder galo había recibido como regalo diamantes por valor de más de un millón de francos.

Si algún logro se le puede atribuir a Bokassa es el de haber conseguido que República Centroafricana llamara la atención de la prensa. Su imperio fue corto, ridículo y terrible, y al derrumbarse se llevó consigo la atención mediática, pues todo lo que dejó fue pobreza y miseria, dos problemas de los que Occidente es especialista en desentenderse.

lunes, 3 de marzo de 2014

Tres claves rápidas para entender Crimea

Puesto que no existe medio de comunicación alguno que no se encuentre mirando Crimea con lupa, creo que es de rigor señalar los puntos clave de esta península por la que Rusia está dispuesta a todo. Vamos a ello.

Situación geográfica de Crimea. Fuente: Wikipedia.

1: Crimea ha sido mucho más tiempo rusa que ucraniana. No hay que tomar esta frase como una legitimación a las recientes decisiones del Kremlin, sino como una manera de entender la complicidad de la región con Rusia. La península pasó de las manos de los turcos a formar parte del imperio ruso en 1783. Desde entonces, salvo por dos cortos periodos en los que fue invadida en contexto de guerra (1855-56 por la entente británico-francesa y 1942-1944 por los nazis alemanes), permaneció 171 años bajo el control del imperio ruso, en primer lugar, y de la URSS, en segundo.

Es más, técnicamente, cuando Nikita Kruschev entregó Crimea a Ucrania, en 1954, no dejó de estar bajo el control ruso. El líder del PCUS nunca pretendió deshacerse de la península en un gesto de generosidad hacia los ucranianos, sino que se trató de un mero trámite diplomático en una era en la que la desfragmentación de la Unión Soviética parecía poco menos que imposible.

Así, cuando cayó el muro de Berlín, Crimea, única región de Ucrania con mayoría étnica rusa, se sentía mucho más cercana al Kremlin que al nuevo e independiente  Gobierno de su país. Ese sentimiento perdura hasta hoy.

2: Sebastopol alberga la flota rusa del Mar Negro. La ciudad portuaria de Crimea es de vital importancia para Rusia tanto por lo geoestratégico como por su historia. Sebastopol no sólo es una de las dos únicas salidas al mar de un país cuya costa norte está congelada durante la mayor parte del año, sino que en ideario ruso simboliza la resistencia frente a Occidente. Durante la Guerra de Crimea, la ciudad resistió un asedio de 11 meses del que León Tolstoi se hizo eco.

Hasta ahora, el llamado Tratado de Amistad y Cooperación entre los dos países concedía a Rusia el control absoluto de la base naval de Sebastopol. Vladimir Putin sin duda tenía en mente que el sentimiento antirruso generado en el Euromaidán podría poner en peligro el tratado, por lo que, una vez se libró de las ataduras autoimpuestas por los Juegos Olímpicos de Sochi, no dudó en mover ficha para asegurar su dominio sobre la histórica ciudad.

3: La presión que pueden ejercer EE.UU. y la UE sobre el Kremlin es muy limitada. Como dice Iñaki Gabilondo en su videoblog de hoy: Estados Unidos amenaza, Europa advierte,la OTAN exhorta, la ONU conmina… pero lo más probable es que Ucrania se quede sola. Las potencias occidentales hablan mucho y se reúnen para hablar más aún. Rusia actúa.

Un episodio similar ocurrió con Georgia en 2008. Las amenazas del entonces presidente estadounidense George W. Bush fueron un práctico calco a las que hoy exclama Obama. Las consecuencias reales para Moscú: ninguna.

Que las relaciones entre Rusia y Occidente están en su punto más frío desde 1991 es un hecho. Pero hablar de este conflicto como un resurgimiento de la Guerra Fría es poco menos que iluso. Ni Europa ni Estados Unidos van a emprender acciones bélicas contra Putin. Se limitarán a intentar forzar lo máximo posible la vía diplomática para que Rusia no decida controlar, además, la zona oriental ucraniana.



En definitiva, Crimea está, a día de hoy, mucho más cerca de acabar en manos rusas que de permanecer bajo el control ucraniano. Putin ha movido sus fichas sobre un tablero en el que le resultará muy difícil perder. Ucrania tiene pocas opciones. Occidente mira, como eunuco en una orgía.

domingo, 2 de marzo de 2014

¿Por qué es tan importante Ucrania?

La verdad siempre es impermeable a las simplificaciones. No así las opiniones, que tienden a resumir todo en una única frase, efectista y contundente. De este modo se forman los confusos mosaicos interpretativos sobre los conflictos.

Ucrania es un claro ejemplo de esto. Intentar construir un relato coherente puede resultar bastante difícil, porque todo el mundo quiere hablar de ello. ¿A qué se debe esta importancia? ¿Por qué todos los medios insisten en que este asunto nos afecta de un modo tan directo?

La respuesta es sencilla: se trata de un país europeo.

Kiev y Crimea nos quedan cerca. Resulta barato y poco peligroso mandar periodistas allí. Es una apuesta segura porque a la gente le interesa. No como las matanzas étnicas continuas de República Centroafricana o Sudán del Sur. Ahí no hay barricadas, ni cócteles molotov, ni enfrentamientos con la policía, ni fotos impresionantes. Todo es poco romántico: tierra, lodo, cuerpos desperdigados por el suelo, sin ataúdes, ni ceremonias, ni honor alguno para los caídos, casi todos jóvenes. No vende bien.

Ucrania es importante porque es parte de nuestra historia, la que hemos construido y hemos enseñado en las escuelas. La que nos hace a nosotros, europeos, protagonistas y actores únicos del tejido histórico. Somos Europa: el primer meridiano pasa por nosotros, estamos en el centro del mapamundi y nos erigimos como descubridores de nuevos continentes, a pesar de que estos ya estuvieran habitados.

Los efectos del eurocentrismo en nuestra educación actual son tremendos. Estructura nuestra mente de tal modo que acabamos pensando que lo que pasa a nuestro alrededor es de mayor importancia que lo que ocurre lejos de nosotros. El sesgo histórico y geográfico es absoluto. Llamamos Años oscuros al periodo histórico que comprende del siglo V al XI por la experiencia europea, pero para las culturas islámicas y asiáticas se trató de una auténtica época dorada: la medicina, la filosofía y las matemáticas vivieron una expansión nunca vista desde tiempos helenísticos.

Hay innumerables ejemplos de hasta qué punto estamos cegados por nuestro eurocentrismo, pero pocos tan gráficos como nuestra percepción geográfica del mundo.

Cuando pensamos en el planeta tierra, a todos se nos viene a la cabeza inmediatamente la llamada proyección de Mercator. Es decir, esta:

Proyección de Mercator

Cuando lo cierto es que nuestro planeta es, en realidad, así:

Proyección de Winkel-Tripel


No, África no tiene el tamaño de Groenlandia. El continente es, en realidad, 14 veces más grande que el país.

Ucrania es importante porque supone una pugna entre los poderes a los que estamos acostumbrados: Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea. Poco hemos tardado en transferir el protagonismo de los manifestantes, auténticos protagonistas de la historia, a los grandes rostros. Ya nadie habla de Euromaidán. Hablamos de Putin, de Obama y de Catherine Ashton. Las personas han dejado de interesar, tan sólo queda la política.

Hablaré más y con mayor profundidad sobre Ucrania a lo largo de las próximas semanas, pero desde el principio es necesario declarar la guerra a unas barreras que han sido establecidas en nuestro modo de pensar; a aquella absurdidad que nos hace ver unos conflictos más importantes que otros por su cercanía geográfica; a aquellas fronteras imaginarias trazadas en mapas que dan nombre a este blog. 

Tomad esta primera entrada como una declaración de principios.


Bienvenidos.